sábado, 30 de junio de 2012

CABEZA DE CERDO - Parte dos -





PARTE DOS , 
PARA TRABAJAR COMO UN ANIMAL, EL PREMIO. 
Es difícil precisar el tiempo que la cabeza de cerdo permaneció guardada en el congelador. Debieron ser varias semanas, para desconsuelo de algunos de los cocineros mas aprensivos que trabajan conmigo en aquella época. Recuerdo que la tenia en una estantería alta, descubierta, mirando al frente, hacia la puerta, como un atento vigilante y con la mirada siempre fija, como no podía ser de otra forma por otra parte. Su presencia era ciertamente inquietante, era nuestro propio Ötzi, el hombre de hielo que apareció en los Alpes también por aquella época; y lo mismo que la momia francesa, parecía decir con su mirada, ¿quien habrá sido el cabrón que me ha disparado la puta flecha? , la cabeza de cerdo, con su macabra sonrisa, miraba a todo el que entraba en su universo congelado como diciendo, maldita sea, como diablos he acabado así!


Un día cualquiera llego a mis manos una revista de Ford; convocaban un concurso fotográfico. Se trataba de hacer una foto simpática con alguno de sus vehículos comerciales. Enseguida vi la foto. Saque la cabeza del congelador y la puse al volante de nuestra Transit roja. No fue tarea fácil. Vestir de chofer a un cerdo, en el sentido literal de la palabra, no metafórico, es difícil, pero si solo tienes la cabeza del cerdo, es complicadísimo. Finalmente, usando unas perchas, unas cuantas piezas de ropa y una gorra de plato, conseguí el efecto deseado. Desde fuera, parecía que efectivamente había un cerdo al volante, y por otra parte, tampoco iba a ser el primer cerdo en la carretera. Hice varias fotos y escogí una para enviarla a Ford, una copia en papel de 15 x 20, como se hacia antes, con el lema de …para trabajar como un animal.


Tras el fracaso con su debut fotográfico en Sobremesa, yo creo que la cabeza de cerdo tenia esperanzas en ganar el concurso, y no por ganar el premio, una cámara fotográfica compacta, si no por satisfacción propia; como si de alguna manera, ganar un premio justificara su degollamiento. No ganamos; quedamos en segunda posición y nuestro único premio fue la publicación de la foto en el siguiente numero de la revista de Ford comercial. 


La cabeza volvió cabizbaja a su estantería en la parte mas alta del congelador. Su mirada había cambiado, parecía mas triste, desolada incluso, nos miraba a todos cada vez que entrabamos a buscar algo,  como suplicándonos que la sacáramos de allí, que no aguantaba mas, que no sabia para que podía servir, como ser útil, como sentirse valorada. Un par de veces la tuve entre mis manos pensando que hacer con ella, mirándola a los ojos y preguntándole: ¿que voy a hacer contigo ? Luego la dejaba de nuevo en su lugar, hasta que un día …

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