miércoles, 5 de septiembre de 2012

GUZZI 500 IMOLA, UNA BALA ROJA



En aquella época me había hecho con una Guzzi 500 Imola. Se la compre por muy poca pasta al yerno de mi pescadero que la tenia olvidada en un garaje, cubierta de polvo como una maldita chatarra. Un anterior propietario la había preparado para correr, afinando el magnifico motor en V, y colocándole unos escapes tipo megáfono, que sonaban como truenos al acelerar. La moto corría como un autentico demonio, y aun recuerdo la sensación de volar a bajo a mas de 200 por hora sobre aquel misil rojo que rugía como un Ferrari y vibraba bajo mi culo,  como una lavadora enloquecida centrifugando. 

En una revista había visto unas fotos de Arzac subido en una Yamaha  y sabia que Arguinago viajaba frecuentemente en su BMW, por tanto, iba bien encaminado, aunque no se si los dos cocineros vascos, eran tan aficionados como yo a las velocidades prohibidas.  De todas formas, no tuve mucho tiempo aquella bonita Guzzi, el embrague empezó a patinar y la reparación era carísima. Se la devolví al pescadero y al poco tiempo,  me compre la moto de moda, una Honda Dominator de color azul con la que pronto descubrí, que a pesar de ser una trail, los caminos del bosque, son siempre demasiado pequeños, y los arboles, demasiado duros. 

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