domingo, 23 de septiembre de 2012

La bicicleta de carreras Titán, y un bocadillo de jamón.



La bici.
Era una tarde de junio de 1975. Estaba a punto de empezar a trabajar en un hotel y mi padre, me llevaba al mecánico de motos para comprarme, creía yo, una moto con la que ir al trabajo, mi primer empleo. Tras una breve explicación, el mecánico nos acompaño al fondo del taller para enseñarnos una posible moto para mi; tan solo verla me enamore, era una Bultaco Lobito amarilla, preciosa, en un estado aparentemente perfecto. El corazón me iba a cien mientras mi padre negociaba el precio con aquel tipo. De repente, la frase que lo cambio todo. .- Oye, ¿que edad tiene el chaval? ¿ Ya tiene carnet?. Mi padre, que habitaba un mundo aparte, ese universo de chefs desubicados, en donde esos detalles suelen pasar inadvertidos, ni siquiera había pensado en ello. Pero el bocazas del mono azul, metió la pata hasta el fondo. No vendió la moto, una Lobito que deje de tener y que jamás tuve después. Salí de la tienda en bicicleta, de carreras, marca Titán, de color dorado y un aspecto alucinante, pero  bicicleta al fin.  
El bocadillo 
El recuerdo de antes del accidente es confuso. Algo sucedió que nos obligo a mover todas las cajas del almacén. Creo recordar que estallo una tubería de agua y lo inundo todo. Tuvimos que cerrar esa tarde, y largarnos a casa a la hora de cenar. El chef, un tipo muy malcarado, con barba, que quería acabar la temporada para entrar en la legión, preparo unos bocadillos de jamón para todos. Cogí el mío, y decidí comérmelo de camino a casa. Tenía hambre, pero una tarde de fiesta, había que aprovecharla. Me cambie de ropa, y con el bocadillo de jamón en el bolsillo, emprendí la vuelta a casa. 

El desenlace
El hotel estaba en las afueras, a unos cuatro kilómetros de mi casa. El primer tramo, era de suave bajada, por un camino vecinal con arbolitos a los lados. Como un ciclista profesional, solté el manillar de la bici, saque el bocadillo, y empecé a comérmelo. No podía esperar. Tenía prisa. En mis recuerdos, de entonces, de tiempo después, de antes de ayer, siempre tengo prisa. Maldita sea. En un bache cualquiera,  la bici se fue hacia la derecha, trate de enderezarla hacia el centro,  pero marchaba  irremediablemente hacia la cuneta. Iba a caerme. Tenía que soltar el bocadillo de jamón y sujetar el manillar. No pude. Nadie en su sano juicio tira un bocadillo de jamón. Me estrelle contra un bonito y duro árbol ornamental y salí volando por encima del manillar. Caí dando volteretas,  sin apenas dignidad, pero protegiendo el bocadillo con mi cuerpo. Acabe sentado, a tres o cuatro metros de la bici de carreras marca Titán. Mire a mi alrededor y comprobé que nadie me había visto.   Tenía las rodillas magulladas, y los codos ensangrentados. El bocadillo de jamón estaba bien. Nada grave. Acabe de comérmelo sentado bajo aquel bonito árbol ornamental.  

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