martes, 13 de abril de 2010

LA MAQUINA DE PELAR GAMBAS


Existen en las cocinas un buen número de aparatos y maquinas, que sirven, por lo general, para ayudar eficazmente a los cocineros en el desarrollo de su trabajo. A las antiguas batidoras, amasadoras, cortadoras, peladoras, trituradoras y ralladoras, maquinas todas ellas de regia presencia, fabricadas con materiales tan nobles como pesados, se les ha unido toda una parafernalia de aparatos de última generación; vestidas de aleación ligera, corazón electrónico y cerebro robótico, con sus lucecitas de colores, iluminan el camino de la modernidad a los cocineros que las usan, y con sus pitidos eléctricos, les avisan cuando se equivocan , o sencillamente , no les prestan la suficiente atención. Estos nuevos ingenios, son ya más aparatos que maquinas, y alguno de ellos, más propios de un laboratorio, que de una cocina.

El cometido de las antiguas maquinas de cocina, era el de realizar aquellas labores mas pesadas y rutinarias de la cocina; aliviando notablemente el trabajo físico de los cocineros. Su uso, sin embargo, por lo general, no tenía ninguna incidencia en el resultado de las elaboraciones culinarias; que la nata estuviese montada a mano, con las varillas, o con una batidora eléctrica, era igual; lo mismo que las patatas fritas resultaban muy parecidas cortadas a maquina, o a mano. En cambio, los aparatos modernos, influyen notablemente, ya no en el resultado final de la receta, si no incluso desde su planteamiento. El ejemplo mas claro de ello , es el conocidísimo Thermomix, que además de facilitar una serie de tareas mas o menos clásicas, como picar y batir a distintas velocidades, ha creado un autentico recetario a su alrededor.

Pero han existido, en un tiempo no demasiado lejano, otro tipo de maquinas en las cocinas. Un tipo de maquinas que curiosamente, solo existían en la imaginación de los cocineros, y que su único objetivo, era el de fastidiar, fastidiar mucho. Algunas de estas maquinas, eran por ejemplo la llave de girar la plancha, la cuchilla de cortar lubinas, la palanca de darle la vuelta a la cocina, o la más característica de todas ellas: las maquina de pelar gambas.

El lector poco iniciado, puede llegar a la conclusión fácil, que es del todo estupido, o por lo menos inútil, disponer de una maquina imaginaria, y que encima, tan solo sirve para incordiar. Nada más lejos de la realidad, pues este tipo de artilugios, cumplen o cumplían – ya que desgraciadamente presiento que ya han desaparecido de las cocinas – el papel para el que habían sido diseñadas. Su propósito se divide básicamente en dos partes: el primero de ellos, es conseguir que el encargado de usarlas, generalmente un pinche o aprendiz recién incorporado, entienda, con el uso de las mismas, que ha entrado en un gremio, en el que el sentido del humor, tiene unas connotaciones muy concretas y características, que ha de respetar, y convertir en propias . El segundo propósito, no menos importante, es que el mismo pinche o aprendiz, funcione como desencadenante, del jolgorio y carcajada del resto de cocineros del equipo; por que todo en la vida, no va ser trabajar.

Aunque varias son – como ya he explicado- estas maquinas imaginarias, todas ellas, funcionan básicamente de la misma forma, que consiste en enviar al individuo a la otra punta del establecimiento, hotel o restaurante, donde le será entregada la maquina – que suele materializarse en una gran caja de cartón o madera repleta de pesados objetos metálicos - . Cuando el tipo regresa, generalmente agotado y sudoroso, se le recrimina agriamente y se le envía de nuevo al mismo lugar, a cambiar la maquina, pues le han dado la pequeña, y es preciso la mas grande. Cuando regresa de nuevo, con una caja aun mayor y mas pesada, y el corazón golpeándole el pecho, las alegres carcajadas de los cocineros, delatan la broma – o novatada – y el chico adquiere con esta experiencia un aprendizaje moral de gran valor.

Una versión mas dura y perversa del uso de este tipo de maquinaria pesada, consiste en enviar al individuo en cuestión, a otro establecimiento, si puede ser en el otro extremo de la ciudad, a recoger la maquina que les habíamos prestado – teóricamente- la semana pasada. Por supuesto, el pinche ha de hacer el recorrido con cierta rapidez, pues el uso de la maquina es urgente, y a ser posible, a pie o andando. Cuando el tipo entra en la cocina ajena, solicitando por favor, a ver si ya le pueden devolver la llave de girar la parrilla, los cocineros del lugar, conocedores de las bromas tradicionales de las cocinas, se mofan de la estupidez inmensa del pobre pinche advenedizo; que sale de allí como alma en pena. Usando las maquinas fantasma con esta versión de la broma, se puede dar el caso, que el pinche, avergonzado, no regrese al restaurante de origen; sirviendo pues la prueba, para enriquecer su personalidad con valores y matices , que tal vez le eran ajenos.

Este tipo de bromas, tan elevado valor educativo, se habían practicado en las cocinas de todo el mundo desde tiempos inmemorables, y formaban parte del bagaje emocional y cultural que componía, ciertos rasgos importantes en el carácter colectivo del gremio de cocineros. Hoy en día, la mayoría de chavales que llegan a la cocina, llegan desde escuelas profesionales, y allí, no enseñan nada sobre la maquina de pelar gambas. Es una pena, por que en la cocina, no todo lo soluciona el Thermomix.